| PÁNICO y AGORAFOBIA
En una parte de los casos (más
frecuentemente en las mujeres), comienza a desarrollarse paulatinamente una expectativa
ansiosa de temor a sufrir las crisis, un miedo a sufrir ataques. Este síntoma va confinando paulatinamente a los pacientes a sus domicilios o en otros casos
graves, a sus habitaciones. El paciente que sufre
agorafobia, deja de salir solo a la calle, por gran temor a descomponerse, y si se ve
obligado a hacerlo, va pensando postas o lugares de seguridad donde pueda refugiarse en
caso de sobrevenir el ataque. Si es forzado a concurrir a un restaurante, cine o lugar
público, se sienta cerca de la puerta o del baño, para poder huir o refugiarse sin ser
visto. Generalmente su vida se transforma en un drama, su calidad de vida y la de su
familia decaen notablemente.
El trastorno de pánico es una enfermedad bastante tratable en la cual ocurren
reiteradamente episodios de temor intenso acompañados de síntomas físicos múltiples en
ausencia de alguna amenaza real. Estos "ataques de pánico" son inesperados y
pueden ocurrir varios veces al día. El temor puede ser tan intenso que la persona puede
pensar que está a punto de perder el control y hacer algo embarazoso o inclusive puede
pensar que está a punto de morir. El DSM IV define el trastorno de pánico como un
trastorno en el que deben haber cuatro ataques de pánico dentro de un período de cuatro
semanas o uno o más ataques seguidos de un temor persistente de tener otro ataque. Muchas
personas tienen ataques de pánico sólo con poca frecuencia y no desarrollan ansiedad
acerca de tener otro ataque.
Los síntomas de un ataque de pánico pueden incluir latido del corazón frecuente o
fuerte; dolores del tórax; mareos; aturdimiento; náusea; dificultades en la
respiración; cosquilleo o adormecimiento en las manos; rubores o escalofríos;
sensaciones de estar soñando despierto o distorsiones de la percepción; terror--una
sensación de que algo terriblemente horrible está por ocurrir y uno se encuentra
indefenso para prevenirlo; temor de perder el control y hacer algo embarazoso; temor a la
muerte; sentirse desconectado de usted mismo o el medio ambiente. Un ataque de pánico
dura por lo general entre varios minutos y una hora y es una de las enfermedades más
perturbadoras que puede experimentar una persona.
La causa del trastorno de pánico no se conoce en la actualidad. Existe un debate entre
los que favorecen una teoría biológica causativa (osea, un defecto neuroquímico en el
cerebro) y los que favorecen una teoría cognoscitiva-conductual. La hipótesis
cognoscitiva-conductual sostiene que la malinterpretación de las sensaciones corporales
(como las que ocurren durante la ansiedad) desencadena más ansiedad intensa, estimulando
sensaciones inclusive más perturbadoras, hasta resultar en pánico y a menudo desarrollar
prevención fóbica.
Cuando una persona experimenta ataques de pánico repetidos, él o ella puede empezar a
evitar las situaciones donde el pánico se ha originado. Por ejemplo, una persona que haya
tenido un ataque de pánico en un automóvil, puede evitar conducir. Con el tiempo, la
persona puede empezar a evitar cada vez más situaciones, y su vida puede tornarse muy
limitada. Estas limitaciones impuestas por el trastorno de pánico pueden costarle al
individuo su forma de vida e interferir en las relaciones sociales. El evitar las
situaciones donde una persona ha tenido o teme tener un ataque de pánico se llama
agorafobia. La agorafobia puede ser leve o severa y se desarrolla en la mayoría de las
personas que sufren de trastorno de pánico. El trastorno de pánico por lo general se
manifiesta entre los adultos jóvenes. Sin embargo, los niños y adultos mayores también
pueden ser afectados. Todos los grupos étnicos son vulnerables al trastorno. Las mujeres
son afectadas dos veces más con respecto a los hombres.
Los tratamientos principales son medicamentos y/o psicoterapia. Los medicamentos con
mayor frecuencia empleados vienen en dos categorías: agentes antidepresivos y de
antiansiedad. Los medicamentos antidepresivos con frecuencia empleados son: Prozac, Paxil,
Zoloft o Imipramina (entre otros). Las medicinas de antiansiedad con frecuencia empleadas
son: Xanax, Klonopin y Ativan (entre otras). De las psicoterapias, la psicoterapia
cognoscitiva y/o conductual a menudo se emplea para tratar los síntomas del trastorno de
pánico y/o la agorafobia. Entre el 70 y 90 por ciento de los enfermos con trastorno de
pánico y agorafobia son ayudados con estos tratamientos.
Algunas de las medidas que una persona con trastorno de pánico puede tomar para
maximizar la recuperación son:
- Eliminar la cafeína y otros estimulantes y alcohol de su dieta (o al menos limitar el
uso)
- Dormir lo suficiente en la noche (entre 7 y 9 horas, promedio).
- Meterse en aeróbicos de bajo impacto (como caminado enérgico) durante 20 minutos por
día, 4 a 5 veces por semana.
- Aprender respiración correctiva y técnicas de relajación, y hacerlas durante 10
minutos por lo menos una vez diariamente.
- Identificar los factores desencadenantes de los ataques de pánico, y aprender a
esperarlos y a aceptarlos a veces.
- Mejorar las destrezas para hacerle frente a los síntomas de pánico. Entre menos usted
le tema a los síntomas, menos ocurrirán.
Puede haber momentos después de la recuperación en que regresan los síntomas. Esto
se denomina recaída. Si ocurre una recaída, es importante identificar los síntomas lo
antes posible e intervenir consiguiendo ayuda de su terapéuta y considerar el volver a
tomar o incrementar los medicamentos y/o la terapia de comportamiento.
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