| Bien, intentare ser concisa. Esta es mi historia.
Siempre he pensado que la infancia es importantísima en el resto de la vida de una
persona. Nos marca decisivamente. Pero de lo que no había sido consciente todavía, es de
cómo nos marcan, incluso los primeros meses de vida. Los primeros biberones nos
determinan más que el resto de toda la comida que ingerimos durante toda nuestra
existencia.
Mis padres tuvieron un primer hijo varón, que nació con problemas físicos, al año
nací yo, y cuando tenia tres meses, mi hermano falleció en una operación. Se supone que
esto puede ser solo una anécdota sin importancia, pero no. Me marco la vida. Desde
siempre he estado marcada por esta circunstancia.
Unos padres destrozados. Una madre infeliz, miedosa, cobarde, con un complejo de
inferioridad ante los demás muy marcado, manipuladora a su manera, sufridora. Un padre
atormentado, infeliz, agresivo, egoísta, cegado. Una hija, la mayor, accidentalmente, de
cuatro hermanas, que se sentía culpable por no haber sido ella la muerta, que se sentía
en la obligación de ser ella quien cuidase de todos, quien defendiese a mama y a sus
hermanas del resto del mundo y de su padre, cuando ella veía que les hacia daño.
Obligada a ser fuerte, desde siempre.
Una infancia triste, pobre, material y espiritualmente, llena de tragedias, llena de odios
y de miedo. Un enfermo mental, que se aprovecha de los niños atormentados e indefensos y
realiza con ellos sus más viles atrocidades, porque sus padres, no están, no se enteran,
porque no saben. Y una niña que calla, y que piensa que si le toca a ella, tal vez este
protegiendo así a sus hermanas, e incluso a su propia madre del enfermo, del ser
despreciable que tiene su propia casa como suya, cuando a el le apetece. Y una niña que
pide auxilio de mil maneras, llorando, gritando, peleando, llamando la atención a cada
momento y que no es entendida, no es escuchada. Sus padres no comprenden, para ellos solo
es mala, egoísta, no pueden atenderla, no saben, solo intentan acallarla, apaciguarla y
que pase el tiempo.
Y el tiempo pasa y la niña adolescente es al mismo tiempo el ser mas fuerte y mas débil
de la tierra, porque se revela continuamente, porque se porta mal, según sus padres,
porque desafía, y es merecedora de castigos, y al mismo tiempo, es débil, porque se
siento la mas indefensa del mundo y porque sufre.
Y como el tiempo no para, la niña, ahora mujer, después de intentar desesperadamente que
sus padres la quieran, encuentra a alguien a quien cuidar, a quien proteger del mundo, a
un ser atormentado también, profundamente inmaduro y dependiente, alguien a quien querer
y por quien ser querida, al fin. De regalo, un hijo precioso y lleno también de
necesidades. Tal vez la única personita que la necesitaba de verdad y que de verdad le
iba a dar amor, para toda su vida.
Tantos años intentando ganar el favor del mundo, esforzándose, superándose, para que
todos estuviesen orgullosos de ella, para que la quisiesen. Tantos años cargando con
todas las preocupaciones de todos, con todas sus necesidades y sus frustraciones. Tenía
que pasar. Un día exploto. Empezó a sentirse mal, muy mal. Tal vez había llegado su
hora, pensaba. Se sentía morir. No comprendía. ¿Qué había hecho ella para merecer
eso?
Y su familia, como en la más cruel de sus pesadillas, seguía sin
comprender, sin saber ayudarla, sin saber quererla.
Y la persona que tenía a su lado, tenía bastante con sus propias miserias y
no estaba dispuesta a dejar de ser dependiente e inmadura. Bueno, en realidad, no sabía
ser otra cosa y no podía hacer más.
Y como la niña mujer no terminaba de morirse, tuvo que seguir andando. A
trompicones, sola como siempre. Y empezó a mirar a su alrededor, y a darse cuenta de
muchas cosas y se planteó, por primera vez, que nunca había sido egoísta, que nunca
había pensado sólo en ella y que tal vez fuese ya hora de hacerlo, antes de morir. Y
empezó a hacerlo. Con mucho miedo, pero empezó.
Tengo cuarenta años, un hijo de ocho, y acabo de separarme de mi marido. A
mis padres, que viven enfrente mía, les he pedido la llave que tenían de mi casa, no
quiero que entren cuando ellos quieran, solo cuando yo quiera, cuando yo se lo solicite.
Estoy llena de dudas, empiezo una nueva vida. Y voy a seguir andando.
Laly  |